20 Aniversario
Video realizado por el Fondo Global para la Mujer, en conmemoracion de su 20 aniversario, celebrado en la ciudad de New York.
Intervencion de la Doctora Patricia Guerrero en el Senado de la Republica de Colombia.
Audiencia publica sobre erradicación de la impunidad en los delitos de Lesa Humanidad en el Senado de la Republica. Bogota, Colombia, Abril 28 de 2008.

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Experiencia de la Liga de Mujeres Desplazadas en la Investigación Psicológica y el Acompañamiento Psicosocial

LMD/OGDDHH
Octubre 10 de 2009


El Grupo de Psicología Social Crítica del Departamento de Psicología de la Universidad de los Andes en asocio con el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo – IDRC de Canadá y el Programa por la Paz del Centro de Investigación y Desarrollo – CINEP, abrió un espacio para fortalecer la reflexión y la interlocución en relación con las experiencias prácticas en el acompañamiento psicosocial de personas y redes sociales afectadas por el conflicto interno, así como la investigación en la problemática.
En este espacio de expresión de experiencias, diálogo y reflexión, los y las representantes de la Liga de Mujeres Desplazadas hicieron evidente los modos investigativos que se han llevado a cabo en relación con dicha problemática y expusieron, además, las deficiencias y falta de impacto de la asistencia psicosocial en la población desplazada.


PONENCIA

Es conocido que las guerras y los conflictos armados tienen impacto en las comunidades y en los individuos. Durante los últimos 60 años han existido diferentes guerras alrededor del mundo, y generalmente han afectado grupos étnicos marginados, y sectores pobres de las sociedades. A pesar de ello, no se ha encontrado suficiente interés en las consecuencias físicas y psicológicas que los conflictos armados tienen en las comunidades e individuos, a corto, mediano y largo plazo, ni en su tratamiento (Kienzler, 2008). Una de las  mayores consecuencias del conflicto armado en Colombia es el desplazamiento, y éste ha tomado un número creciente. Se estima que en Colombia existen casi tres millones de personas desplazadas desde 1985, hasta la fecha, teniendo en cuenta los desplazamientos masivos, los asesinatos selectivos, las masacres, y las comunidades sitiadas (CODHES, 2003; CODHES, 2002). Se puede considerar que las consecuencias del conflicto armado no solo implican aspectos relacionados exclusivamente con la violación de los derechos humanos, sino que puede implicar alteraciones en los procesos psicológicos, tales como las emociones, la motivación, la memoria y/o el pensamiento, e incluso derivar en trastornos de algún tipo, frecuentemente de ansiedad y del estado de ánimo (APA, 2000).
Se ha encontrado que la proporción de mujeres desplazadas es mayor comparada a otros grupos, y en muchos de los casos han sido sobrevivientes de abuso sexual y violencia intrafamiliar (Rodríguez, et: al., 2005). Así como puede tenerse en cuenta que muchos de los crímenes de violencia sexual VS y violencia sexual basada en género VSBG, quedan en la impunidad, también quedan de lado las soluciones a las secuelas dejadas por tales actos de violencia. Sin embargo, la organización, como estrategia de resistencia y recurso contra la impunidad, se constituye asimismo en una fuente de ayuda, en cuanto a las secuelas psicológicas, para las sobrevivientes, puesto que ofrece un marco de apoyo, seguridad y confianza.
Como se mencionó previamente, el conflicto armado en Colombia ha dejado un número considerable de personas desplazadas, como consecuencia de diferentes delitos, cometidos por distintos autores. Ante tal situación se han encontrado en condición de vulnerabilidad a mujeres, niños, niñas y ancianos (Guerrero, 2006). Sin embargo, no se ha indagado mucho acerca de las consecuencias psicológicas en mujeres Colombianas, como resultado de tortura, desaparición forzada reclutamiento por la fuerza, violación sexual como arma de guerra, esclavitud sexual, aborto forzado, entre otras (Guerrero, 2006). A pesar de la falta de investigación en dicho campo, algunos estudios han tratado de dar cuenta de algunas de las consecuencias del desplazamiento y los crímenes conexos, encontrado, por ejemplo, que puede haber una afección en procesos psicológicos emocionales, motivacionales y cognitivos. De igual forma, se pueden llegar a ver afectadas las áreas de funcionamiento, afectivo, familiar, social, y laboral/educacional (APA, 2000).   
Puede encontrarse que los estudios realizados acerca de las consecuencias psicológicas del conflicto armado en Colombia han sido escasos. Existe un vacio sobre todo en cuanto al impacto en la población femenina, la cual, como es conocido, ha sido victima de una alta variedad de crímenes de guerra. De igual forma, no es fácil encontrar estudios acerca de consecuencias específicas del conflicto armado, es decir,  hay escases de investigación sobre  problemas psicológicos específicos en población vulnerable en Colombia, así como su tratamiento.
Históricamente, en el mundo se ha prestado gran atención sobretodo a la investigación sobre las consecuencias de experimentar eventos traumáticos, en especial al trastorno de estrés post-traumático, a otros trastornos de ansiedad asociados. Y en general se han enfocado, por ejemplo, en estudios sobre los efectos de la guerra en excombatientes, o en mujeres víctimas de abuso sexual (Brugman & Fierro, 2009). Frecuentemente se hace referencia a las reacciones fisiológicas y cognoscitivas de ansiedad y del estado de ánimo, que se presentan como consecuencia de presenciar actos violentos y/o traumáticos, y se agrupan bajo el concepto de Trastorno de estrés post-traumático (TEPT). Dicho trastorno se hace relevante en la medida en que afecta entre el 9 y 15% de la población general, donde alrededor del 50% de las mujeres que sobreviven al abuso sexual, desarrollan éste trastorno (Foa & Olasov, 1998). Se ha identificado que los traumas más comunes que experimentan tales personas son, abuso sexual, accidentes, combate, desastres naturales, ser víctima de algún crimen, y negligencia en la niñez. En mujeres se encuentra prevalencia de TEPT a partir de sobrevivir a eventos como abuso sexual, abuso físico en la niñez, amenaza con armas, acoso sexual y ataques físicos, lo cual se presenta de manera más que frecuente en mujeres desplazadas en el contexto Colombiano. En hombres, se encuentra que los eventos que pueden influir en el desarrollo de TEPT son abuso sexual, exposición al combate, negligencia en la infancia, y abuso físico en la infancia (Durand & Barlow, 2007; Barlow, 2001). Se ha encontrado que el riesgo de padecer TEPT es 5 veces mayor en mujeres que en hombres, dando cuenta de la agresión sexual y el combate como los mayores detonantes (Brugman & Fierro, 2009; Bobes, et: al. 2000).
A pesar de la gran incidencia de dicho trastorno en sobrevivientes o víctimas de violencia, no se pueden reducir las consecuencias psíquicas del conflicto a un solo trastorno psicológico. Incluso puede resultar problemático, entender y tratar víctimas de violaciones de Derechos Humanos empleando la palabra “trastorno” como categoría diagnóstica para describir los efectos de conflicto interno en Colombia. Dentro de las dificultades psicológicas que se pueden presentar como consecuencia de la experimentación de eventos de violencia se pueden encontrar: síntomas depresivos, afecciones psicosomáticas, abuso de alcohol y/o sustancias psicoactivas, conductas antisociales, trastornos del sueño, ideación y comportamiento suicida y, conflictos y violencia intrafamiliar (IIDH, 2007). De igual manera, en el campo de las consecuencias de la violencia, se haría relevante plantearse interrogantes acerca de aspectos como la influencia del conflicto en los hijos de las victimas, específicamente en su personalidad, en las relaciones interpersonales, estilos de afrontamiento, dificultades de salud, etc. Y también cabe hacer una reflexión acerca de posibles diferencias entre niños y niños, o adolescente mujer y hombre, en términos del impacto psicológico de sobrevivir a un evento traumático.
 Sin embargo, a pesar de que Colombia es considerada como un país  de alto riesgo, no se ha tomado conciencia de la responsabilidad que se tiene de aumentar los esfuerzos por conocer, comprender y abordar, tanto las consecuencias psicológicas del conflicto, como los tratamientos a estas consecuencias. No solo se encuentran vacios en las investigaciones, sino que son aislados los esfuerzos por ofrecer intervenciones psicológicas adecuadas a todas las víctimas de la guerra en Colombia; de allí se deriva la responsabilidad, tanto del estado, como de los profesionales en las ciencias sociales por comprometerse con la problemática del país. 

Algunos estudios realizados recientemente, acerca del impacto psicológico del conflicto armado en Colombia han mostrado cifras que revelan la necesidad de ampliar el conocimiento en esta área. Se ha demostrado, por ejemplo que, el Estrés post-traumático más común se presenta en mujeres civiles, no en hombres, lo cual pone por sentado que restringir los estudios al análisis del impacto en excombatientes no es acertado (Herman, 1992). Experimentar eventos tales como agresión física, agresión sexual, observaciones de muertes no naturales (muertes violentas), fragmentación de cuerpos, secuestro, robo de propiedad, ataque con armas, son las situaciones que más impactan a las mujeres dentro del marco del conflicto armado en Colombia (Bobes, et: al. 2000).
    Se hace indispensable entonces, ahondar acerca de la investigación de las consecuencias psicológicas del conflicto colombiano. En el último año, se realizó una investigación que buscaba aportar información acerca de los efectos emocionales, cognoscitivos y psicológicos causados por la presencia del Trastorno de Estrés Postraumático en población femenina, el cual tenía como objetivo, medir los índices de estrés post-traumático en mujeres desplazadas de la Liga de Mujeres Desplazadas. Tal estudio encontró que el 91% de la muestra utilizada (mujeres que han sido víctimas del desplazamiento forzado  en Colombia) presenta TEPT, donde el 63 % de ellas encuentran sus síntomas dentro del criterio de “síntomas severos” (Brugman & Fierro, 2009), lo cual muestra la gravedad del problema, que antes no se había documentado. Asimismo, mujeres que fueron expuestas tanto a violencia directa (violencia clara y visible en lo que se refiere a muchos de sus efectos: lesiones físicas, o psicológicas), como indirecta (cuando la persona es informada de actos violentos cometidos contra otros individuos), obtuvieron niveles más altos de deterioro del TEPT. Igualmente, las mujeres que reportaron violencia doméstica y/o abuso infantil, también tuvieron un nivel de deterioro y severidad mayor (Brugman & Fierro, 2009). La muestra estuvo conformada por 118 mujeres que experimentaron desplazamiento forzado, todas pertenecientes a la Liga de Mujeres Desplazadas de Bolívar, entre los 18 y 80 años. El nivel de educación oscilaba en un 81.36% entre 0 (analfabetismo) y primaria, con muy pocas participantes con bachillerato completo o cursos extracurriculares. Las participantes se encontraban bajo índices de pobreza absoluta, estratos 0, 1 y 2 y se consideran de alto riesgo, ya que viven en condiciones de pobreza extrema, violencia incesante y la mayoría son madres cabeza de familia (LMD, 2009). Es pertinente señalar que las participantes en el estudio no viven en una misma y única comunidad aunque todas hagan parte de la misma organización. Las participantes de este estudio viven en distintos barrios y corregimientos a los cuales se han desplazado de manera forzada, en el departamento de Bolívar.
Dicho estudio y los aportes allí realizados cobran relevancia en la medida en que son pioneros en el campo de investigación de los efectos psicológicos del conflicto armado en mujeres desplazadas, y como se ha mencionado previamente, es necesario ahondar en tales temas puesto que ofrecen información acerca de las dificultades por las cuales atraviesan poblaciones vulnerables de la sociedad y  evidencian la falta de reconocimiento que ha recibido la salud mental dentro de este contexto. Cabe resaltar, que estudios como este permiten también el planteamiento de posibles planes de intervención psicológica que se apliquen a dicha población, donde puede encontrarse una base sobre la cual ofrecer acompañamiento o psicoterapia.
Al trabajar con una población que se encuentra en un contexto de agresividad y amenazas incesantes; cualquier tipo de acercamiento con la verdad, sobre los hechos violentos que las rodearon y actualmente las rodean así como sobre las consecuencias que estos hechos tienen en sus vidas, en su salud, en su trabajo, en sus relaciones sexuales e interpersonales etc. las colocan en una situación de vulnerabilidad permanente, ya que a diferencia de investigaciones realizados (Bramsen,Van der Ploeg, Twisk, 2002: Ellis, MacDonald, Lincoln & Cabral, 2008: Johnson, Thompson, & Downs, 2008: Schmidt, Kravic, Ehlert, 2008:Taft, Schumm, Panuzio, Proctor, 2008):en donde los sujetos de estudios se encuentran absolutamente aislados del contexto traumático, la población objeto de la investigación continúa viviendo en contextos de inseguridad dominante, el cual mantiene y refuerza los síntomas de este y demás problemas psicológicos.
La anterior problemática, se suma a las necesidades de apoyo financiero al realizar investigaciones como la planteada, ya que la sola movilización de la población toma tiempo, dinero y se deben cubrir las necesidades de seguridad tanto de investigadores como participantes. Se han presentado amenazas por parte de grupos ilegales hacia la organización, lo cual puede interferir en la motivación por realizar y participar en investigaciones. La anterior investigación no abarca la totalidad de las mujeres pertenecientes a la organización, pues por motivos de seguridad y miedo, la participación se redujo. Pero a pesar de ello, al finalizar las jornadas de investigación, se reportó un gran número de mujeres receptoras que quería hacer parte del estudio, debido a que interpretado de manera positiva, lo cual refleja la necesidad que existe por parte de la población femenina en condiciones de vulnerabilidad, a causa del conflicto, de obtener un tratamiento adecuado frente a los problemas psicológicos con los que deben lidiar (Brugman & Fierro, 2009)  
Por otro lado, las investigaciones sirven también como una forma de ofrecer a la población la oportunidad de ser escuchada, y que su experiencia no se pase por alto. Al realizar un estudio acerca de aspectos que no son tenidos en cuenta frecuentemente, este puede ser interpretado de manera positiva por parte de la población, puesto que es una oportunidad de hacer que su voz sea  tenida en cuenta, y empieza a ofrecer un ambiente en el que las sobrevivientes se sientan seguras y sepan que se va a registrar su caso, con la finalidad de ayudarlas. Dentro de una organización, la aplicación de una investigación de este tipo puede llegar a motivar a todas las personas que pertenecen a ella, pues se pueden sentir que vale la pena seguir adelante, en busca de justicia y reparación (Brugman & Fierro, 2009)
En cuanto a las investigaciones en el campo de los efectos, y su tratamiento, del conflicto armado en Colombia, es necesario adoptar una postura interdisciplinaria, con la cual se puedan unir esfuerzos para beneficiar a la población vulnerable del país. Dicha postura debe integrar los aportes que pueden hacerse desde diferentes campos como la psicología, el derecho, la sociología, la ciencia política, entre otros; y de esta manera empezar a generar un marco de unificación, de seguridad y cambio, necesario para afrontar las consecuencias del conflicto que aqueja a nuestro país desde hace muchos años.    
        Aún queda pendiente indagar acerca de las implicaciones psicológicas en niños, niñas, adolescentes, hombres, y ancianos, en el contexto colombiano, no solo desde lo patológico, sino en campos como la autoestima, la autoeficacia, las estrategias de afrontamiento, el apego, la autorealización, los estilos parentales, y muchos otros temas. Se hace necesario considerar las expectativas de las sobrevivientes en cuanto a los procesos de litigio pues puede constituirse en un factor de motivación por parte de ellas. Puede encontrarse que muchas de las sobrevivientes esperan que se sepa la verdad, y que se restituyan algunos aspectos de su vida antes de experimentar los traumas.
        A pesar de que aún quedan muchos vacíos en cuanto  a los aspectos mencionados, se ha empezado a prestar mayor atención a la salud mental en el país, lo cual se refleja en las investigaciones que han surgido, en relación a las consecuencias del conflicto armado. Se han realizado estudios, que muestran por ejemplo, la eficacia de intervenciones para estrés post-traumático, como la exposición prolongada e inoculación de estrés  para la modificación de los síntomas de dichos problemas psicológicos. Es primordial enfatizar en la necesidad que se ha encontrado en formular nuevas investigaciones y tratamientos basados en género y enfocados en el contexto en el que vive la población vulnerable. A pesar de la importancia que ha cobrado la salud mental, es paradójico que ésta no sea una prioridad en las agendas del Estado colombiano y adicionalmente, que la política pública atente contra ella (Rivas, 2000). La investigación realizada en la Liga de Mujeres Desplazadas muestra que la ayuda humanitaria, dentro de la cual se debe dar la asistencia psicosocial, no se está suministrando de manera significativa, y pone en evidencia el aislamiento social en el cual viven estas comunidades. Aun resta mucho por lograr para que haya una readaptación positiva de las víctimas.


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PUNTOS DE ENCUENTRO

Panamá, Febrero 29 de 2008: Primera Asamblea de la Red Latinoamericana y del Caribe para la Democracia.

Caracas, Venezuela, Enero 26 de 2007: Capítulo Latinoamericano del World Movement for Democracy

Querétaro, México, Noviembre de 2006: Dinero y Movimientos

Tokio, Japón, Diciembre 8 del 2000: Tribunal Internacional de los Crímenes de la Guerra contra las Mujeres

En New York, Patricia Guerrero es reconocida por su labor